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La reconfiguración de las cadenas de valor, una respuesta a la nueva era de la globalización: Nearsh

El curso de la historia pertenece al inaccesible mundo de la incógnita. Sin embargo, para finales de las décadas de los 80 y 90 el camino parecía despejarse e indicar que la globalización era inminente. Hitos como la apertura de China e India al mercado mundial, el fraccionamiento y competencia de la cadena logística y el descubrimiento de las ventajas en la fragmentación de los procesos productivos fueron factores que, sumados a un sistema logístico robusto, nuevas tecnologías y tratados de comercio más profundos y multilaterales sirvieron de plataforma para el desarrollo de las cadenas globales de valor, las cuales han llegado a representar más del 50 % del comercio internacional.

El nuevo siglo definió la globalización bajo el modelo de offshoring. Esta es una estrategia utilizada por muchos países desarrollados para reubicar parte de sus cadenas de valor en países emergentes con menores costos laborales y rigidez normativa. Es por ello que, a pesar de las distancias y las diferencias culturales, países como EE. UU comenzaron a ver a los países asiáticos como destinos atractivos ya que representaban mayor cercanía a sus materias primas, acceso a capital humano y menores costos operativos con beneficios e incentivos fiscales.

No obstante, la pandemia evidenció que la cadena de suministros construida bajo el modelo de offshoring es frágil y poco versátil, ya que es incapaz de dar una respuesta a escenarios alternativos. Hoy en día las empresas buscan diversificar los orígenes desde donde se abastecen para prevenir futuras rupturas en la cadena. Por ello los modelos de reshoring y nearshoring han ganado popularidad como respuesta a una nueva realidad.

El reshoring es el opuesto al offshoring, pues se centra en regresar los procesos productivos al país de origen y con ello anular el riesgo de ruptura en la cadena de abastecimiento. Esta es una estrategia que muchos gobiernos promueven para fortalecer la economía nacional y reducir el desempleo. No obstante, no es una opción rentable para todas las empresas, especialmente aquellas que dependen de materias primas que no se consiguen en su país de origen.

Mientras que el nearshoring, es el punto medio entre el reshoring y el offshoring, ya que se realiza una relocalización de producción, pero en países más cercanos a los clientes. La ventaja de ello es que las empresas reducen costos en supervisión y gestión de actividades, fortalecen su cadena para brindar una respuesta rápida, gozan de incentivos fiscales y mantienen costos más bajos en comparación a los del país de origen.

Las repercusiones del virus y sus variantes y los conflictos geopolíticos son algunas de las muchas variables que nos han confirmado que la “normalidad” a la que se quería volver, ya no existe. Por ello, la reconfiguración, en las cadenas globales de valor, es un hecho. Pero esta vez con una visión integral, que considera componentes geoestratégicos, de seguridad y resiliencia en el proceso de abastecimiento con el objetivo de volver a despejar la incógnita de esta nueva era.